Afilado a piedra de un formon de banco
Secuencia de granos, ángulo y comprobación con regla
El formón que tengo sobre la mesa lleva doce milímetros de ancho y unos cuantos años de uso a la espalda. El bisel está redondeado, casi como una cuchara, y el dorso tiene rebabas que se notan al pasar el pulgar. No es un caso perdido: con una piedra de agua y paciencia vuelve a cortar papel de seda sin presionar. Lo que sigue es la secuencia que uso, sin atajos.
Antes de tocar la piedra
Reviso el dorso contra una regla apoyada a contraluz. Si hay luz entre el formón y la regla, hay que corregir antes de afilar el bisel. También limpio el óxido superficial con un paño y un poco de aceite. La guía de ángulo la ajusto a 25 grados para el bisel primario; en maderas duras subo a 30 para el microbisel, pero eso lo decido según el uso.
Secuencia de granos: 400, 1000 y 6000
Empiezo en la piedra de 400 solo si el bisel está muy deformado. Aquí es donde se corrige el redondeo: pasadas firmes, sin balancear la muñeca, hasta que se forme una rebaba uniforme en el dorso. Cada pocas pasadas levanto el formón y compruebo con la regla que el bisel siga plano. Si aparece un lado más alto, insisto en ese lado hasta igualar.
Paso a la 1000 cuando la rebaba recorre todo el filo. Esta piedra es la que hace el trabajo fino: elimina los surcos de la 400 y deja un filo que ya corta pelo. Aquí es donde la mayoría se impacienta y salta directo a la 6000. No funciona: la piedra fina no borra rayones gruesos, solo los pule.
La 6000 es la última etapa. Pocas pasadas, presión ligera, y el filo queda con ese brillo apagado que indica que está listo. Si la piedra está bien plana, no hace falta más.
El error del dorso
El error más común que veo en el taller es insistir en el dorso. Basta con unas pasadas suaves y planas para eliminar la rebaba. Si se aprieta demasiado, se redondea el dorso y el filo pierde apoyo: corta al principio, pero se dobla en cuanto encuentra un nudo en la madera. Yo lo compruebo con el pulgar en ángulo, nunca de frente.
Comprobación final
Después de la 6000, seco el formón y corto una hoja de papel de seda sin presionar. Si el corte es limpio y no arrastra fibras, el filo está listo. Si rasga, vuelvo a la 1000 y repito la secuencia. Con este filo aguanto una sesión completa de mortajas en pino sin retocar. En roble o encina, la piedra de 6000 se queda corta y hay que volver a la 1000 a mitad de trabajo.
Lo que anoto en el cuaderno
En la página del cuaderno de taller apunto el ángulo usado, la piedra de partida y cuántas pasadas necesité en cada grano. Con el tiempo esos números dicen más que cualquier manual: si un formón pide demasiadas pasadas en la 400, es que el bisel ya está muy castigado y toca plantearse un reafilado completo.